Robert y Yo

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La habitación que rentamos miraba justo hacia el oriente, con una vista impresionante, hacia la salida del sol. En mis planes no tenía  amanecer con nadie pero  las ganas no me faltaban, llevaba sola siete meses, las coincidencias eran muchas, el momento estaba propicio para una buena sección de sexo, Robert estaba enamorado de mí, yo de él, nuestro sexo era buenísimo, nos alejamos amándonos, o mejor dicho, me alejé de él, sabiendo que nos amábamos, pero tenia una  duda,  ¿cómo Robert sabía que yo estaba en ese lugar?, ,alguien  debió haberle  dicho, pero da igual, además que conociéndolo,  sabía que no me dejaría sola  allí,  no  aceptaría un no por respuesta.

Llegamos a la habitación, estaba preparando  un trago, cuando sentí sus brazos rodear mi cintura, su aliento caliente deslizarse por mi cuello, besando todo a su paso, utilizando su lengua, sus labios húmedos, mi piel estaba erizada, mis pezones duros, estaba súper excitada, lentamente subió  sus manos por mis pechos, apretando ligeramente, ya no podíamos  resistir más, Robert estaba muy excitado podía sentir su pene abriéndose paso en su playera que aun llevaba, sentía su corazón latir contra mi pecho como queriendo salir,  me di vuelta,  me coloqué de frente, lo sujeté  con mi pierna derecha, enredé mis brazos en  su cuello, lo besé,  le di un húmedo y orgásmico beso, de esos que ponen el punto y seguido, de esos que te dejan sin aliento, que aunque quieras parar no puedes ni quieres, nos desprendimos las pocas ropas que nos quedaban, intercambiamos  uno, dos, tres, besos por todo el cuerpo,  posiciones diferentes, caricias, miradas excitantes, me tomó con sus brazos y me sentó sobre algo, creo que era una vinera o algo así, sólo nos miramos por unos instantes.

 -te amo, te amo

lo repitió varias veces, se sentía convincente y excitante, a lo que yo respondí    

     – yo más

En este instante las palabras sobraban, las miradas hablaban, nuestros cuerpos serian los que hablarían, así es que cogimos una, dos, si, dos veces seguidas, o eso creo,  nos metimos en la ducha ya pasadas las once de la noche nos fuimos a la cama a “intentar  descansar”, digo a “intentar “, porque fué lo menos que hicimos, era como si quisiéramos recuperar siete meses en una noche, pero era imposible, así es que  el resto lo dejamos para después, pero esa es la actitud,  aprovechar al máximo cada momento que nos regala la vida.

SLP   

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